Cada botón muestra una etapa de la división religiosa de Europa: Lutero y el inicio de la Reforma (1517–1530), la extensión del luteranismo, el calvinismo y el anglicanismo (1530–1555), la Contrarreforma católica (hacia 1570), las guerras de religión en Francia y los Países Bajos (1562–1598) y la Guerra de los Treinta Años (1618–1648). El color indica la religión predominante en cada territorio; las zonas rayadas son territorios donde convivían dos confesiones, y las estrellas marcan los acontecimientos clave.
A comienzos del siglo XVI casi toda Europa occidental era católica y obedecía al papa de Roma. El 31 de octubre de 1517 el monje alemán Martín Lutero publicó en Wittenberg sus 95 tesis contra la venta de indulgencias. Condenado por el papa, en la Dieta de Worms (1521) se negó a retractarse ante el emperador Carlos V, pero el elector Federico de Sajonia lo protegió. Lutero defendía que la salvación se alcanza por la fe y que la autoridad es la Biblia, que tradujo al alemán. Su mensaje se extendió gracias a la imprenta. Algunos príncipes (Sajonia, Hesse) y ciudades se hicieron luteranos, y Suecia lo adoptó en 1527. En 1524–1525 los campesinos alemanes se levantaron invocando la Reforma y fueron aplastados. En la Dieta de Espira (1529) los príncipes luteranos «protestaron» contra la orden de volver al catolicismo: de ahí el nombre de protestantes. Mientras, Zuinglio llevaba la Reforma a Zúrich.
La Reforma se divide en varias corrientes. El luteranismo domina el norte de Alemania y Escandinavia (Dinamarca, Noruega e Islandia lo adoptan en 1536–1550). Juan Calvino, desde Ginebra (1541), predica la predestinación y una Iglesia austera y gobernada por laicos; su doctrina se extiende a Suiza, Francia y los Países Bajos. En Inglaterra, Enrique VIII rompe con Roma por su divorcio y se proclama jefe de la Iglesia (Acta de Supremacía, 1534): nace la Iglesia anglicana. Los anabaptistas, que rechazaban bautizar a los niños, fueron perseguidos por todos. La Iglesia católica responde: el papa aprueba la Compañía de Jesús (1540) y convoca el Concilio de Trento (1545). Carlos V intenta imponer la unidad religiosa y vence a la Liga de Esmalcalda en Mühlberg (1547), pero no puede mantenerla: la Paz de Augsburgo (1555) establece que cada príncipe alemán elige entre catolicismo y luteranismo y sus súbditos deben seguirlo («cuius regio, eius religio»).
La Iglesia católica se reforma y contraataca. El Concilio de Trento (1545–1563) reafirma el dogma (los sacramentos, la autoridad del papa, el purgatorio), mejora la formación de los sacerdotes y crea seminarios. Los jesuitas fundan colegios y recuperan territorios para el catolicismo, como Baviera, Austria, Bohemia y Polonia. La Inquisición y el Índice de libros prohibidos (1559) persiguen la herejía, sobre todo en España e Italia, donde los focos protestantes son eliminados. Aun así, hacia 1570 el protestantismo está en su punto máximo: Escocia se hace calvinista con John Knox (1560), Inglaterra consolida el anglicanismo con Isabel I (1559), y el calvinismo llega al Palatinado, Hungría, Polonia y los Países Bajos. En Francia, los hugonotes (calvinistas) son una minoría poderosa. En Polonia, la Confederación de Varsovia (1573) garantiza la tolerancia religiosa.
Entre 1562 y 1598 ocho guerras de religión enfrentan en Francia a católicos y hugonotes, mezcladas con rivalidades entre familias nobles. La matanza de San Bartolomé (París, 1572) causó miles de muertos. La paz llega cuando el hugonote Enrique IV se convierte al catolicismo («París bien vale una misa») y promulga el Edicto de Nantes (1598), que concede libertad de culto a los hugonotes. En los Países Bajos, dominados por Felipe II, el calvinismo, los impuestos y la defensa de los privilegios locales provocan una revuelta (1566). El duque de Alba llega con el «camino español» desde Italia (1567) y ejerce una dura represión. Las provincias del norte forman la Unión de Utrecht (1579) y proclaman su independencia (1581): nacen las Provincias Unidas, calvinistas, mientras el sur sigue católico y español. Inglaterra apoya a los rebeldes y Felipe II envía contra ella la Armada Invencible (1588), que fracasa.
La última gran guerra de religión empieza en Bohemia en 1618, con la Defenestración de Praga, cuando los nobles protestantes se rebelan contra los Habsburgo. Los católicos vencen en la Montaña Blanca (1620) y Bohemia vuelve a ser católica. La guerra se extiende por Alemania e involucra a Dinamarca, Suecia (Gustavo Adolfo vence en Breitenfeld, 1631, y muere en Lützen, 1632), España y Francia: el cardenal Richelieu, católico, apoya a los protestantes para debilitar a los Habsburgo. Alemania queda devastada, con millones de muertos. La Paz de Westfalia (1648) reconoce la independencia de las Provincias Unidas y de Suiza, amplía la tolerancia a los calvinistas dentro del Imperio, y da a Suecia y Francia territorios. Los Habsburgo pierden su sueño de unidad católica, y desde entonces las guerras se harán por poder y equilibrio entre estados más que por religión.