Cada botón muestra una etapa del reparto del mundo entre las potencias europeas, Estados Unidos y Japón: el mundo hacia 1880, el reparto de África, el reparto de Asia y el Pacífico, y los imperios coloniales en 1914. Cada color es una potencia con todos sus territorios (metrópoli y colonias).
Hasta 1870 los europeos dominaban ya grandes territorios: la India británica, las Indias Orientales neerlandesas, Argelia francesa, Filipinas y Cuba españolas, y Siberia y Asia central rusas. Pero África seguía casi toda sin ocupar: los europeos solo tenían la costa y algunos enclaves (Argelia, El Cabo, Senegal, el litoral de Angola y Mozambique). A partir de 1870 empieza el imperialismo, impulsado por la Segunda Revolución Industrial: las fábricas necesitaban materias primas y mercados, sobraban capitales para invertir, los estados querían prestigio y poder, y la técnica (barco de vapor, ferrocarril, telégrafo, fusil, quinina) permitía llegar al interior. Se justificó con la idea de la «misión civilizadora» y con un falso racismo científico.
En la Conferencia de Berlín (1884–1885), convocada por Bismarck, las potencias fijaron las reglas del reparto: bastaba con la «ocupación efectiva». Las fronteras se trazaron en los despachos, sin contar con los pueblos africanos, y muchas siguen hoy. El rey Leopoldo II de Bélgica se quedó con el Congo como propiedad personal. Gran Bretaña soñaba con unir el Cabo con El Cairo, y Francia con unir Dakar con Yibuti: los dos proyectos chocaron en Fachoda (1898). Hubo guerras, como la de los bóers (1899–1902), y crisis, como las de Marruecos (1905 y 1911). En 1914 solo eran independientes Etiopía, que derrotó a Italia en Adua (1896), y Liberia.
La India era la «joya de la Corona» británica (la Corona asumió el gobierno directo en 1858, tras la rebelión de los cipayos de 1857). Francia dominaba Indochina, los Países Bajos las Indias Orientales, y Estados Unidos obtuvo Filipinas en 1898. Rusia avanzó por Siberia y Asia central y construyó el ferrocarril Transiberiano. China, debilitada tras las Guerras del Opio, quedó dividida en zonas de influencia (rusa, alemana, británica, francesa y japonesa), y Persia se repartió en 1907 entre Rusia y Gran Bretaña. Japón se modernizó con la era Meiji, derrotó a Rusia en 1905 y se hizo con Taiwán y Corea. Siam (Tailandia) se salvó como estado tapón entre británicos y franceses.
En 1914 casi todo el planeta dependía de unas pocas potencias. El Imperio británico era el mayor (hasta una cuarta parte de la superficie y de la población del mundo) y Francia tenía el segundo imperio colonial. Rusia se expandió por tierra hacia Siberia y Asia central, y Alemania, Bélgica, Portugal, Italia, España y los Países Bajos poseían imperios más modestos. Estados Unidos y Japón se unieron al reparto. Las rivalidades por las colonias, junto con la carrera de armamentos y las alianzas, crearon tensiones que ayudaron a que estallara la Primera Guerra Mundial. El colonialismo dejó explotación económica, fronteras artificiales y resistencias que llevarán a la descolonización del siglo XX.